¿Qué fue El Reinado del Terror?

¡Oh, Libertad! ¡Cuántos crímenes se cometen en tu nombre!

—Marie-Jean Roland, ejecutada el 10 de agosto de 1793

Es preciso gobernar mediante el hierro a quienes no cabe gobernar mediante la justicia (…). Debéis castigar no solo a los traidores, sino también a los indiferentes.

—Louis Antoine de Saint-Just, ejecutado el 28 de julio de 1794

El Reinado del Terror es una aventura para la séptima edición de La Llamada de Cthulhu que nos transporta a los tumultuosos días de la Revolución Francesa, un periodo que, aunque nunca tratado desde una perspectiva lovecraftiana, encaja como un guante en el universo del genio de Providence gracias su particular mezcla de violencia descarnada, grandes conspiraciones… Y por supuesto terror.

¿Pero qué fue el Reinado del Terror al que hace referencia el título de la aventura? El Terror es quizá la parte menos conocida de la Revolución Francesa, el acontecimiento histórico que marca el comienzo de la Edad Contemporánea y que se inicia con la Toma de la Bastilla en 1789, convulsionando a toda Francia y más tarde al resto del mundo. Un nuevo orden social se abría paso, dejando atrás las injusticias del Antiguo Régimen.

Sin embargo, tras la ejecución del Rey Luis XVI y de su esposa María Antonieta en 1793, cuando los revolucionarios parecían haber conseguido por fin sus objetivos, la desconfianza, la traición y las ansias de poder dieron paso a uno de los periodos más negros de la Historia. La brutal represión que los revolucionarios ejercieron no sólo contra aquellos que se les oponían, sino sobre cualquiera que fuera sospechoso de albergar dudas sobre su gestión costó la vida a miles de civiles, que fueron condenados a muerte por los tribunales revolucionarios y pasados por la guillotina ante el griterío de las masas que diariamente se concentraban para presenciar las ejecuciones.

París durante los días del Terror

El Terror nace como consecuencia de los esfuerzos del gobierno revolucionario por hacer frente a los enemigos tanto internos como externos de la República. Una de sus medidas consiste en crear el Comité de Salvación Pública y el Tribunal Revolucionario, cuyos vastos poderes resultaron fatales e imposibles de controlar. Son empleados por las dos facciones rivales, los girondinos (moderados) y los jacobinos (extremistas) para lidiar con sus enemigos políticos.

El miedo se ocultaba en cada rincón, en el crujido de una puerta, en un grito ahogado, en el menor aliento (…). Los salones estaban vacíos; las bodegas, desiertas; los cortesanos dejaron de visitar el Palais-Royal. La sombría ciudad se limitaba a esperar bajo el sol ardiente del verano.

—Louis Madelin

El Terror se extiende desde octubre a diciembre de 1793 y desde marzo hasta julio de 1794. Junio y julio de 1794 constituyen la época del Gran Terror. Tres mil personas son ejecutadas a lo largo de estos siete meses en la capital, un período que solo concluye con la muerte de dos de sus principales instigadores jacobinos: Louis Antoine de Saint-Just y Maximilien Robespierre.

Durante los últimos días del Terror, París es una ciudad nerviosa e infeliz. Muchas familias han logrado salir ilesas de la Revolución y tratan de sacar adelante sus vidas, pero deben tener cuidado con todo lo que dicen en público. El Comité de Salvación Pública tiene espías en los rincones más insospechados.

Es frecuente que los miembros de las clases pudientes adopten la vestimenta de los sans-culottes para protegerse de peligros potenciales: pantalones holgados para los hombres, faldas azules para las mujeres, carmañolas, gorros frigios de color rojo como símbolo de la libertad y zuecos de madera llamados sabots. Muchos portan la escarapela tricolor cuando salen a la calle. Sin embargo, otros tantos prefieren seguir los dictados de la moda. Robespierre es conocido por su gusto en el vestir y acude a presenciar las ejecuciones con su peluca bien empolvada.

Los pobres sufren el aumento del desempleo y la inflación. En la capital, el pan se raciona y la comida escasea. La reforma de la semana laboral, ampliándola de siete a diez días, reduce las posibilidades de entretenimiento al restringir las jornadas festivas. Las obras de teatro se censuran y la sátira de Molière queda prohibida. Las iglesias se cierran: los cuadros y las esculturas se confiscan, las cruces se reemplazan por picas tocadas con el gorro frigio y las paredes se cubren de pintadas que declaran el edifico «propiedad nacional en venta». La catedral de Notre Dame se despoja de sus obras de arte y comienza a emplearse como bodega. Otras iglesias corren peor suerte y se derruyen para conseguir piedra. Esta serie de eventos da a luz un nuevo término acuñado para definir un tipo muy concreto de destrucción: el vandalismo.

La detención y posterior ejecución de Robespierre en 1794 marcan el final del Reinado del Terror y el comienzo de una serie de reacciones que culminarían con el ascenso al poder de Napoleón Bonaparte. Atrás quedaban las ejecuciones sin sentido, el miedo a ser denunciado por el mero hecho de no llevar una escarapela revolucionaria prendida en la ropa y el culto a la figura de un siniestro personaje, Robespierre, que no se diferencia tanto de los clásicos líderes cultistas a los que tantas veces nos hemos enfrentado en las aventuras de La Llamada de Cthulhu.